Al principio hay mucho por descubrir y cierta tentación de preguntarlo todo. Pero una cita no necesita parecer una entrevista para comprobar si alguien encaja.
Sabes cómo toma el café y qué película no soporta. Quizá también das por hecho qué quiere hacer con su tiempo. Pero algunas respuestas cambian sin hacer ruido.
Hay asuntos que se van dejando porque nunca parece buen momento. Preguntarlos puede ser útil. Hacerlo por sorpresa, delante de otras personas o en mitad de una discusión puede complicarlo.
Hay respuestas que empiezan con una tontería y terminan en una historia buenísima. El humor permite descubrir cosas del otro sin anunciar una gran conversación.