A menudo no faltan temas. Falta salir del recorrido habitual. La conversación puede empezar por algo que está pasando ahora, sin necesidad de encontrar una pregunta brillante.
Un pequeño cambio de dinámica puede hacer que la conversación empiece de otra manera. Lo interesante no es acertar: es escuchar una respuesta que no habías imaginado.
A veces hablamos mucho, pero siempre de lo mismo. La compra, los horarios, qué vamos a cenar. Una pregunta que se salga de ese recorrido puede abrir un rato distinto, sin convertir la noche en una conversación solemne.
Una pregunta no es profunda porque resulte difícil de contestar. A veces basta con preguntar por algo pequeño que la otra persona nunca ha tenido ocasión de explicar.